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La Generación Beat

¿Qué es la Generación Beat? ¿Dónde nace? ¿Cuáles son sus características? Seguro que has oído hablar de este grupo de escritores. Pero quizá no sepas cuáles eran sus influencias culturales o quiénes pertenecían al selecto y pintoresco club. Éstas son las preguntas fundamentales que trataremos en este artículo.

Orígenes. ¿Qué es la Generación Beat?

La generación Beat (o «Beat Generation») es un grupo de escritores norteamericanos de mediados del siglo XX. Surge como la agrupación de unos amigos que se dedicaban a la escritura y que compartían un mismo punto de partida. Los primeros integrantes eran alumnos de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Se conocieron en el West End Bar, en Manhattan, a finales de 1944.

Sentían un profundo rechazo por los valores occidentales, especialmente los de Estados Unidos. Detestaban la costumbre norteamericana de mejorar el lugar en que se vive, construir una casa, engordar en ella y morir. Abogaban por una libertad sexual que sería tomada posteriormente por el movimiento hippie. En ocasiones consumían drogas para experimentar la escritura con la conciencia alterada, aparte de usarla con fines lúdicos. Era gente docta; estudiosos de la cultura y la filosofía, especialmente la oriental. Frecuentaban los bares y las cafeterías hasta altas horas de la madrugada, inmersos en tertulias cuya banda sonora era el jazz.


La formación inicial surge a mediados de 1940 con Burroughs, Carr, Clellon Holmes, Ginsberg y Kerouac. Más tarde se uniría Herbert Huncke y Neal Cassady. Carl Solomon ingresa en 1948; dos años más tarde, Gregory Corso. Ya en 1954, aparece como miembro Lawrence Ferlinghetti. A pesar de que hubo más miembros en la Generación Beat, los más destacados fueron estos que se han mencionado. Hablaremos en profundidad de ellos, pero lo dejaremos para otro artículo, ya que estos autores merecen ser tratados con detenimiento.

De dónde viene el nombre de la Generación Beat

«Beat (down)» es un adjetivo inglés que significa «cansado», “estar hecho polvo”. También influye el vocablo «bebop», un estilo de jazz rápido, agitado y continuo, que parece no tener fin. La idea de emplear «beat» para denominar a este grupo de autores surgió de una conversación entre Clellon Holmes y Kerouac en 1948. Más tarde, en 1952, Holmes popularizó el término gracias a un artículo titulado «This is the Beat Generation», publicado en el New York Times Magazine.

Sin embargo, el 2 de abril de 1958 aparecería el término «Beatnik». Herb Caen, quien posteriormente popularizaría el término «hippie» en el ‘verano del amor’, un periodista de San Francisco, llamaria así a este grupo de escritores en el San Francisco Chronicle. Empleó un juego de palabras en el que unía «beat» y «Sputnik». El Sputnik fue el primer satétile artificial en órbitar la Tierra, además de un icono del poder de la Unión Soviética. Con esa fusión pretendía desvincular a la generación de la cultura de Estados Unidos, reafirmando su actitud de rechazo hacia la forma de vida norteamericana.

Características de la Generación Beat

En cuanto a las características de la Generación Beat, es importante decir que cada uno de sus miembros usaba sus propios recursos. Sin embargo, la característica común y principal del movimiento es la contracultura. Se buscaba romper con la literatura precedente. Encontramos un peculiar uso del minimalismo, semejante a lo que sucede en el realismo sucio —pero recordemos que no podemos confundir generación con estilo—. La adjetivación y las valoraciones están bastante reducidas. Siempre hay en sus obras un punto de ruptura con lo establecido como correcto, ya sea hablando de libertad sexual o en el empleo de las drogas, como vemos en «The Junk» de Burroughs. Muy habitualmente empleaban la escritura automática para que las ideas fluyesen sin interrupción. Es el caso de «On the road», de Kerouac, como ya vimos en el anterior artículo sobre el realismo sucio.

Los escritos de este grupo de autores, por lo general, son de un estilo sencillo y asequible, aunque a veces suelen dejar un amargor agradable y especial en el alma. Como siempre digo, para tomarle el pulso a un estilo, lo mejor es leerlo. Por eso os dejo un breve fragmento del buque insignia de la poesía de esta generación, «Howl» (‘aullido’), de Allen Ginsberg —te sugiero encarecidamente que lo leas mientras suena de fondo «All the things you are», de Charlie Parker, para que asimiles la esencia de ésta generación—.

«Aullido», de Allen Ginsberg (fragmento)

Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,

arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,

hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna,

que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz,

que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo el El y vieron ángeles mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados,

que pasaron por las universidades con radiantes ojos imperturbables alucinando Arkansas y tragedia en la luz de Blake entre los maestros de la guerra,

que fueron expulsados de las academias por locos y por publicar odas obscenas en las ventanas de la calavera,

que se acurrucaron en ropa interior en habitaciones sin afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando al Terror a través del muro,

que fueron arrestados por sus barbas púbicas regresando por Laredo con un cinturón de marihuana hacia Nueva York,

que comieron fuego en hoteles de pintura o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o sometieron sus torsos a un purgatorio noche tras noche,
con sueños, con drogas, con pesadillas que despiertan, alcohol y verga y bailes sin fin,

incomparables callejones de temblorosa nube y relámpago en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todo el inmóvil mundo del intertiempo,

realidades de salones de Peyote, amaneceres de cementerio de árbol verde en el patio trasero, borrachera de vino sobre los tejados, barrios de escaparate de paseos drogados luz de tráfico de neón parpadeante, vibraciones de sol, luna y árbol en los rugientes atardeceres invernales de Brooklyn, desvaríos de cenicero y bondadosa luz reina de la mente,

que se encadenaron a los subterráneos para el interminable viaje desde Battery al santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de ruedas y niños los hizo caer temblando con la boca desvencijada y golpeados yermos de cerebro completamente drenados de brillo bajo la lúgubre luz del Zoológico,

que se hundieron toda la noche en la submarina luz de Bickford salían flotando y se sentaban a lo largo de tardes de cerveza desvanecida en el desolado Fugazzi’s, escuchando el crujir del Apocalipsis en el jukebox de hidrógeno,

que hablaron sin parar por setenta horas del parque al departamento al bar a Bellevue al museo al puente de Brooklyn,

un batallón perdido de conversadores platónicos saltando desde las barandas de salidas de incendio desde ventanas desde el Empire State desde la luna,

parloteando gritando vomitando susurrando hechos y memorias y anécdotas y excitaciones del globo ocular y shocks de hospitales y cárceles y guerras
(…)

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